domingo, 21 de noviembre de 2010

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El Socialista Picante

La verdad es que ando bastante desanimado para escribir, pero a veces viene bien para desahogarse, y aunque hace ya tiempo que abandone mi “trabajo” de sacristán, no puedo por menos que relatar la despedida que tuve. Y por supuesto, cuando escribo esto , cojo y con el dedo gordo del pie mas negro que mi futuro, me encuentro convaleciente de un porrazo que me he pegado que contare pronto por aquí
Hace ya un par de años, una mañana fría de otoño retozaba en mi antiguo trabajo sin nada que hacer. Aunque había cosas que realizar, el nombramiento de cierto individuo como jefe del departamento , nos dejo a todos sin trabajo. El tipo solo aparecía de cuando en cuando, y con las excusas mas diversas no venia a trabajar. Y el dia que, desgraciadamente se le cruzaban los cables y acudia a la oficina, acabábamos todos fatal. Solía venir solamente dos o tres veces al mes, nunca a primera hora de la mañana, y sobre las dos de la tarde nos convocaba a una “reunión” donde nos encomendaba tareas sobre las que divagaba, no concretaba nada, y encima no tenían nada que ver con nuestras funciones sobre las que pasaba de puntillas, adornando la “reunión” de trabajo con una narración sobre las grandes amistades que tenía. Así, nos dijo que nos traería una foto dandole un abrazo a F.G. (uno que fue presidente del gobierno), a lo que seguían numerosas referencias con nombres y apellidos de amigos a los que calificaba de “íntimos” hablando de senadores, diputados nacionales y autonómicos, consejeros, directores generales, alcaldes, y demas fauna variopinta de las que presumía en muchos casos de “haberlos iniciado en politica” y de ser amigos íntimos suyos. De este individuo ya puse un post con una dedicatoria.
Aquella triste mañana de otoño, sobre las 11 de la mañana, hartos de estar sin hacer nada un compañero y yo fuimos a desayunar a una taberna especializada en chacinas cercana, cuando una sobrecogedora visión altero nuestros pensamientos: A lo lejos, un lujoso audi rojo avanzaba hacia nosotros. A los pocos segundos, divisamos al volante el asqueroso rostro barbudo del pseudoprogre. El día se nos presentaba mal, el individuo había aparecido así que sabíamos que sobre las dos de la tarde tocaba mitin político. A llegar a la taberna y pedir al camarero, sin pensar pedí café y media tostada de socialista picante. El camarero me miró extrañado, y me di cuenta de mi error. Había querido decir chorizo picante, pero pensando en el individuo me equivoque de palabra. Cuando, en aquella época mi economía me lo permitía, cada vez que pedía chorizo picante, el camarero, recordando aquel episodio encargaba a gritos desde la barra diciendo dame socialissssta picanteeeee o bien socialista picanteeee para el caballeroooo apareciendo con la apetitosa chacina.
Un domingo del caluroso julio, entre la misa de primera hora y el mediodía, Don José que aquel dia tenia ganas de desayunar me invitó a un café en un bar situado frente a la iglesia, y allí, viendo una ristra de chorizo colgada en el interior de la taberna le referí la citada anécdota. En un acto de caridad cristiana que le honra, me invito aquella mañana a media tostadita de chorizo.
Mis últimos dias como sacristán fueron bastante malos. Antoñito, llegaba todas las tardes, y los últimos días que permanecí, mientras narraba increíbles martirios lanzaba algunas indirectas, celoso de mi y pensando que podía arrebatarle su trabajo.
Así, un dia me dijo que había una mosca muerta en el manto de la virgen, pero que solo el podia quitarla porque el manto valía “cien mil millones de euros”. La ultima tarde que lo soporte, mientras narraba el martirio de San Vicente, a manos del malvado Daciano, que ordeno descoyuntarlo, cuando al pobre lo estando dejando pal arrastre, cambio de tema para decirme que “en Septiembre hay que limpiar la plata para los actos del Pilar” para pasar a describir como desgarraban el cuerpo del santo con garfios de hierro. De esa descripción paso a decir que para limpiar la plata había que venir a las cuatro de la tarde toda la semana anterior, y que el proceso era muy delicado, y solo el sabia como limpiar la plata. Tras colocar a San Vicente en un lecho de ascuas ardientes, con el cuerpo descoyuntado y desgarrado, me dijo que para mediados de Septiembre había exposición del altisimo, y que había que acondicionar y adornar un retablo lateral, para acto seguido, comenzar a narrar el martirio de una monja en África, que no deseo narrar por aquí, dado que murió a base de machetazos y descuartizada, levantándome el estomago con una narración desgarradora, tripas higadillos, pulmones y demás vísceras incluidas.
Al dia siguiente, Sabado, aprovechando la celebración de la misa, presente mi dimisión irrevocable a Don Jose, diciéndole que lo acordado era permanecer solo hasta mediados de Agosto, a cambio de cien euros y una caja de sultanas de las monjas. Don Jose me respondio con otra pregunta, si consideraba que Antoñito, a pesar de su brazo vendado y su leve cojera estaba en condiciones de hacer su trabajo. Aunque debia contestarle que estaba en condiciones de ser ingresado en un centro de paralíticos de parpados para arriba, le dije que estaba plenamente capacitado y que como podía comprobar no faltaba una sola tarde a la iglesia.
Y por fin, el ultimo domingo de Agosto, entre las misas de las 9 y las 12 de la mañana, Don Jose me llamo a la sacristía, y sacando dos benditos y maravillosos billetes de cincuenta euros, me los entrego dándome las gracias por el trabajo realizado, diciendome que se las apañaria con Antoñito como pudiera y que al acabar la jornada ya no tenia que venir mas. Posteriormente, extrajo de su bolsillo un pequeño objeto, era un rosario de pétalos de rosa para que “rezara a fin de que se resolvieran mis problemas económicos”. Le indique a Don Jose que, tal como habiamos quedado, el “detallito” debia ser una caja de sultanas de un convento, algo alimenticio que llevarme a la boca, y para mi sorpresa, sacando una bolsa de plastico, me dice que habia venido un sobrino suyo de Extremadura, que le había dejado, como todos los años, un surtido de chacinas de su pueblo, por lo que me obsequiaba con un buen “socialista picante de su tierra”. El contenido de la bolsa, era un maravilloso e inmenso chorizo picante, que afortunadamente, me ayuda a mitigar el hambre aunque ya me queda mas bien poco para acabar con el. Posteriormente, me clasifica como “pobre de segunda categoría” es decir, con trabajo pero escasos recursos económicos y me facilita un nombre de alguien de caritas parroquial, para en caso de necesidad acudir alli para que me auxilien aunque me dice que están desbordados y que había mucha gente desesperada por lo que solo debia hacerlo en caso de extrema necesidad.
El chorizo de marras 
Y asi, aquel domingo por la tarde, tras finalizar la misa entregue la llave de la sacristía a Antoñito, despidiendome de mi “trabajo de verano” viendo como el susodicho, con sus amigos el Perez y el pescaero se alejaban discutiendo a gritos sobre la nueva ráfaga que le habian hecho a una virgen que iban a coronar.
No se si en invierno las cosas cambiaran, pero he encontrado una iglesia anticuada, obsoleta, llena de frikis y personas mayores, en fin al menos le he sacado cien eurillos, menos da una piedra aunque he de decir que he aguantado carros y carretas, lo que hay que hacer para llegar a fin de mes…..

lunes, 13 de septiembre de 2010

Martyrium . Absolut retarded

He de indicar, que con mi maldita suerte pocas ganas me quedan para escribir en el blog. Con mi suerte, la maldita y mas terrible palabra jamas pronunciada, euribor, me conduce al hambre y la miseria de cabeza. Y así, mi sueldo baja, los precios suben y el maldito euribor por supuesto tambien sube.

Ya no soy sacristán, pero no puedo dejar de pasar por alto mi encuentro con el sacristán titular, ni tampoco mi despedida, que iré plasmando, según mi depresivo estado de salud y mi ruinosa economía me permita.

Y así, he aprendido algunas cosas de mi etapa como sacristán. Entre ellas, que la virgen la palmo durmiendo y por ello se celebran solemnes actos, de la dormicion , donde la virgen se queda dormida en una cama, y del transito, en la cual, la virgen esta en la cama ya muerta esperando la gloriosa resurrección.

También he aprendido, a mediados de Agosto, que la techumbre de la iglesia esta hecha un queso de gruñere. Al salir de casa aquella tarde, vi nublarse el sol, y cuando me faltaba un trecho para llegar a la iglesia una inoportuna tormenta eléctrica me dejo literalmente empapado de arriba abajo. Para colmo de mi mala suerte, numerosas goteras, a veces con chorros intensos, salían del agujereado techo, e iban a parar directamente a los bancos o al suelo de algún lateral. Además de mojado, con la fregona y los cubos recogiendo agua, lo que me faltaba.

Pasados los gloriosos actos de la Asunción al cielo de la Virgen Maria, una aburrida tarde que estaba solo, apareció por la iglesia un individuo curioso. De metro y medio de estatura, gafas de culo de vaso, enorme barriga cervecera, con un extraño mover de un brazo que cruzá al andar como si fuera un legionario, ataviado con un bañador a rayas rojas y una camisa verde chillona con un aparatoso vendaje en el otro brazo. Es el sacristán titular, Antoñito G.

Tras una breve presentación, me dice que viene de rezar a San Cristóbal, que le ha salvado la vida. Como si fuera lo mas natural del mundo, que una fracción de segundo antes de ser atropellado vió como una sombra agarraba el coche por detrás y lo frenaba. Era San Cristóbal, patrón de los automovilistas, que debido a la gran velocidad que llevaba el coche no lo pudo frenar del todo, lo que hizo que le golpeara por un lado y se cayera al suelo. Por eso, en el momento en que pudo andar, todas las tardes acude a una iglesia a “rezarle un padrenuestro a San Cristóbal”.

De Antoñito, me dijo el cura que “tenia un retraso”, algo que no es cierto, deja atrás a la Renfe y a Iberia con creces Tras pasar a la sacristía, comienzo a observar que su único tema de conversación son los temas religiosos, pero en especial las vidas de santos martirizados, pero con una especial vena sadomasoquista. Su conversación, reiterada y siempre convergente al mismo tema, son las distintas formas de martirio de aquellos que murieron por la fe cristiana. Así, en la sacristía hay una talla pequeña de un San Sebastián atado a un árbol y con varias flechas. Después de decirme que murió asaeteado, observo como imita a sus verdugos y, haciendo ademán de usar un arco y una flecha, simultáneamente dice zzzassssss, al hombro, zzzzummpp al muslo, a la vez que relata su martirio, y que las flechas hay que lanzarlas a donde no lo mate directamente, “para que sufra alabando a Dios”. Y de esa manera, su tema de conversación monográfico es bastante escabroso, Santa Catalina, amarrada a una rueda, que, con cuchillos le corta la carne, imitando con sus sonidos cada pasada de la rueda. Raaasssss tras, los trozos de carne de la Santa caian junto con borbotones de sangre, mientras ofrece sus sufrimientos al señor….Santa Lucia, a la que arrancaron los ojos y se los pusieron en una bandeja, a los que siguen una larga retahíla de mártires, narrando decapitaciones, empalamientos, ahorcamientos, etc y todo con profusión de detalles y gestos.

A mi pregunta de que santo es el que se encuentra en un lateral de la iglesia con un hacha clavada, de manera automática me dice: ¡San Pedro Mártir!, lo mataron de dos hachazos en la cabeza, con el primero, se metió los dedos llenos de sangre en la herida y escribió en el suelo “creo” para reafirmar su fe, y en el segundo lo remataron. Su verdugo se convirtió y se arrepintió después de haberselo cargado.

Me dice que se sabe de memoria el “Martyrium”, que es un relato de todos los santos martires de la iglesia y la “Causa general”, de los martires de la guerra civil.

Observo, con horror, cuando vienen a encargar una misa de difuntos que no sabe leer ni escribir, y, con mucho esfuerzo y mucha lentitud, con letra irregular pone en un papel algo asi como:

“ mi za difunto finado ose Manue er domin go cinc o de las ocho tarde cei euro”

Y a mi pregunta sobre quien le ha enseñado tanto sobre las vidas de santos, me dice que de chico las catequistas le relataron los martirios y los milagros de todos ellos, menuda comedura de coco.

Sin embargo, lo mas curioso se produce cuando me dice que en china hay un chino que viste y trabaja como los chinos, pero que es cardenal y “solo el papa lo sabe”. En china, las misas se hacen en una mesa camilla y en voz baja para que los chinos de al lado no se enteren, y en vez de comulgar con hostias lo hacen con “pan bimbo chino” porque alli hostias no se fabrican, dejándome con la boca abierta. “Si te pillan, es el martirio, me dice”.

Esa misma tarde, se sacó una ampolla pequeña con un extraño liquido, y se lo echa por la venda y la pierna, dejándosela bastante pringosa. Me indica que se lo han dado las monjas, que es “aceite de Santa Angela”, muy milagrosa, de una lámpara que “arde en su tumba” y que con ese aceite podria ir a correr a las olimpiadas porque es milagroso.

Obsesionado, quizas por ver en mi un sustituto, apareció todas las tardes tras su preceptiva visita al San Critobal de otra parroquia cercana, quizas por miedo a perder su trabajo, a pesar de que le indicaba reiteradamente que solo estaba sustituyendolo hasta que se recuperara.

Otra tarde, en la animada tertulia en la sacristia, cuando hablaba de San Lorenzo, que quemaron en una parrilla, le pregunté si le gustaría morir mártir, y con una extraña sonrisa me dijo que su aspiración era morir crucificado, como Cristo, dándome detalles de cómo había de ser su muerte, sin ser azotado para “durar mas”, si acaso con una coronita de espinas en la cabeza y dado que los verdugos en un gesto de piedad te rompen las piernas y mueres en pocos minutos, que el se negaría a eso, deseaba sufrir en la cruz y estar vivo al menos una semana para “mayor gloria de Dios”, y que su cuerpo debía ser abandonado y comido por alimañas. Además, me dice que tiene elegido su nombre, San Antonio G. “sacristán y mártir” y las esculturas para darle culto “deben tener la palma del martirio y los estigmas de la cruz". A mi indicación de que “ya no se crucifica a nadie” protesta diciendo que hay muchos países ateos donde te conceden el privilegio de escoger la forma de la muerte, y que el escogería “ser crucificado”

Cuando por fin se marchaba de la iglesia, en plan muy serio me dice que de noche la Virgen se pone a hablar con el Cristo, y que tiene lugar la “sacra conversación” y que de noche ha pasado por la iglesia y “ve luz dentro porque estan charlando sobre los males del mundo”.

De lo poco que he podido saber sobre este singular personaje es que es hijo de madre soltera, y las malas lenguas hablan de la paternidad de un sacerdote que, haciendo el papel de protector, lo introdujo en el seno de la iglesia.

Las ocho tardes dichosas que tuve que aguantarlo salí de la iglesia con dolor de cabeza y sabiendo bastante sobre torturas refinadas.

Como siempre, mi suerte hace que me tope con esta gente….






domingo, 22 de agosto de 2010

La boda

En verdad que es increíble mi maldita mala suerte. En pleno mes de Agosto y a la gente no se le ocurre otra cosa que casarse con este calor infernal. Y como sacristán interino, no me queda mas remedio que bregar con estas historias.
De las bodas, recuerdo en mi mas tierna niñez cuando mi padre se empecinó en ir a la boda de un primo segundo con el que no tengo trato. Tenía 8 años, y la boda era un domingo en una iglesia principal de la ciudad. El Viernes previo a la boda, me puse enfermo con gastroenteritis pero mi padre, ignorando mi estado de salud y pensando que ya estaba bien del todo (cuando no podía probar bocado) me arrastró a la iglesia con un trajecito para la ocasión.
En la iglesia, tuve arcadas y aunque casi no vomitaba porque no había comido, mi madre me tuvo que sacar. Manche la camisa con saliva de vomito, y con la cara pálida me llevaron al convite donde, alguien tuvo la feliz idea, a pesar de mi estado, de darme un par de mini bocaditos de entremeses y encima una tónica para que se me pasara. Así, con molestias aguante en una mesa los primeros platos del convite en un ambiente ruidoso y enrarecido por el humo del tabaco. Cuando llegaba la tarta, justo antes de que la cortaran los novios, un vomito y una pedorreta diarreica arruinaron el postre a mis padres, dada la peste que exhalaba mi pequeño cuerpo, debiendo abandonar el convite sin probar la tarta, con el consiguiente enfado paterno.
Y ahora, al cabo del tiempo, cuando por supuesto nadie me invita a su boda dado que traigo mala suerte, me toca hacer de monaguillo y sacristán de una boda concertada previamente.
He descubierto cosas que desconocía de la iglesia; hay tarifas para cada cosa, y para una misa de difuntos, por 6 euros se puede encargar una. Se apunta en la agenda, se coloca el nombre del finado, y en la misa señalada el cura solo añade una frase en las preces, “acuérdate de fulano que llamaste de este mundo a tu presencia” , que ya quisiera yo que por pronunciar una frase a mi me pagaran ese dinero. En relación a las bodas, como evidentemente ligo menos que el pegamento mojao y las mujeres me rehuyen no tenia ni idea de los problemas que acarrean si uno se casa por la iglesia. Si la novia no  pertenece a la parroquia donde se quiere contraer matrimonio, hay que pagar dinero a la iglesia escogida, y por razones sentimentales, por casarse delante del cristo tal o la virgen cual, o por ser de una cofradía determinada mucha gente lo hace. También, por cuenta de los contrayentes, corren las flores y los adornos del altar, siendo después mi menda lerenda el encargado de quitar las flores antes de que se marchiten. Previamente, también esta la “toma de dichos” o los desposorios, que hay que poner en el tablón de anuncios de la iglesia por si alguien quiere alegar algún impedimento. Y junto a todo ello, se agradece una limosna o donativo.
La boda estaba planificada y organizada desde la primavera, además el cura no seria Don José, sino otro sacerdote amigo de la familia.
Ese día, hay que llegar mucho antes para que la empresa de las flores dichosas adorne el altar, y por supuesto en estos casos no se ayuda a la misa de paisano, sino con el ridiculo vestido litúrgico blanco con encajes y  rojo que no veas el calor que pasas, que me han dicho que se llama de “acolito rojo con roquete”, vaya nombrecito.
Una vez que los señores de las flores hubieron terminado, toca extender una antiquísima y pesadísima alfombra que en sus buenos tiempos era de color rojo que va desde la puerta del templo al altar mayor, hay que abrir la iglesia un poco antes por si los invitados llegan con bastante mas antelación.
Y así, poco a poco y van llegando los invitados mas tempraneros, pobre gente que, a pesar de las penalidades económicas por las que estamos pasando quieren presumir al menos por un día con extraños modelitos pseudolujosos y dándoselas de que disponen de un fuerte poder económico cuando seguramente ni llegan a fin de mes como yo.
Aparece, vestido totalmente de paisano el cura amigo de los contrayentes, hombre de mediana edad que además se identifica como “canónigo”. Al individuo, bastante alto, estirado y tremendamente gordo, parece que la vida sedentaria le sienta bien, pero por ser “canónigo”  te mira desde arriba, como si tu fueras un gusano miserable. Me trata de usted, y me dice que “debo colocarme siempre a su derecha” y en “actitud humilde” , como dando a entender que es el quien manda y yo quien, como humilde siervo, debe obedecerle. También llega un organista, al que tengo que acompañar a la parte alta de la iglesia, por una estrecha escalera parecida a las películas de misterio, llenas de telarañas hasta un viejo órgano al que previamente tuve que pasar el plumero, levantando una nube de polvo asfixiante.
Con un calor infernal en la calle, van llegando los invitados, ellos vestidos con chaqueta y corbata, algunos incluso a pesar del calor vestidos oscuros, y ellas con extraños sombreros y vestidos multicolores mientras yo, comienzo a dar paseos llevando y trayendo los objetos litúrgicos al altar, tras haber colocado justo delante del mismo los reclinatorios y un banco para los novios y los padrinos, punto final de la pesadísima alfombras que, seguramente, cuando Lola Flores hizo su primera comunión debía ser de color rojo.
Observo a una señora mayor con un sombrero bastante grande, con una especie de rejilla y una frutería en la cabeza, pues parece que tiene como un racimo de uvas colgando y junto a ello, extraños trajes, una chica de buen ver con un amplio escote y una falda de tigresa que parece que mas que ir a una boda busca aparearse con un macho, otra con unos pantalones ridículos, con una parte roja que por medio de las piernas se convierte en purpurina dorada, un tio con una chaqueta blanca y que llevaba como en la solapa una ramito de romero, con unos pantalones claros de cuero, y asi voy, mientras preparo los ornamentos encontrándome una extraña fauna multicolor. Junto a ello, algunos niños pequeños con trajes ridículos, los pobrecitos con 40 grados a la sombra y con mangas largas.
Y así, por fin, con música desafinada de órgano de fondo, aparece la novia, del brazo de su padre que, para la ocasión venia vestido de militar, con uniforme de gala. Observo que es comandante, por la estrella de ocho puntas del uniforme, y por su edad diría que, mas que en la reserva activa estaría en la reserva pasiva desde hace ya mucho. A la novia, a pesar del velo que llevaba, la bautice como “Cyrana” en honor a Cyrano de Bergerac pues su apéndice nasal le puede, sin problemas, hacer la competencia al citado personaje. Detrás de la novia y su padre, venia el novio y la madre, el novio con un frac alquilado al que solo le falta la flor en el hojal de esas de broma que echan agua, con las mangas que le quedaban cortas, y del brazo de la que supongo que seria su madre, de mantilla, toda de azul oscuro, con el rostro repleto de colorete, que habria que excavar para ver el color de su piel, y, advirtiéndole una leve cojera, observo que lleva un zapato con un alza, o sea que tiene una pierna mas larga que otra.
Y asi, comienza la ceremonia que seguramente, en pocos años se convertirá en un nuevo divorcio que añadir a las estadísticas.
Tras un parsimonioso toque de órgano desafinado de la marcha nupcial, los contrayentes se acercan al altar con sus padrinos respectivos y comienza la solemne ceremonia.
Observo, desde mi posición a todas las señoras encopetadas y trajeadas, y de repente veo que un niño se salta del banco y se pone a corretear por el fondo de la iglesia. Lleva una especie de camisa de encaje y un pantalón oscuro que menudo calor le daría. Con horror, observo que el niño comienza a corretear sin que nadie haga nada por detenerlo. Por fin, una mujer con un traje a rayas como las cebras, sale del banco y recoge al niño. Dos minutos después, el mismo niño sale del banco y observo que se dirige directamente a un altar donde esta una Inmaculada Concepción e intenta alcanzar unos jarritos con flores, que están en la base, del mismo, de los cuales llega a pesar de su estatura, a moverlos. De nuevo sale la cebra a por el niño dichoso, pero éste  echa a correr para delante, llegando a otro altar donde, al lado de  San Antonio de Padua hay una zona para colocar exvotos y, dando saltos, intenta coger alguno de ellos. Por fin, la cebra caza al niño y de nuevo al banco.
Llega la comunión, yo deseando de acabar y al fin llega el momento que, junto con el cura,  hay que dar la comunión a la nutrida parentela que de forma hipócrita, recibe el cuerpo de Cristo ese día, y que seguramente el resto del año, al no haber convite posterior, no pisa una iglesia. Es cuando el niño dichoso, angelito del señor, mientras estoy con la bandeja recogehostias ayudando al cura, emula al bruce lee y empieza a dar patadas de karate al aire. El niño, angelito del señor, al tiempo que empieza a dar patadas grita como un condenado, zassss trasssss prummm dice el niño, y poco a poco se acerca a la fila de los que esperan la comunión, donde molesta a los sufridos feligreses dando patadas al aire, y de repente, tomando carrerilla, se dirige directo a mi gritando algo asi como tae-won-doooo y me pega una patada de karate con toda su fuerza y su mala idea directo a las piernas, de manera que me da en la pantorrilla, haciéndome doblar la rodilla de forma inesperada, pierdo el equilibrio y me caigo, agarrandome al cura, al cual casi arrastro en mi caída, pegandome un topetazo con el banco de los novios y el reclinatorio, que al menos vale para amortiguar la caida y que no llegue al suelo. Para colmo, algunos de los invitados se rien con la escena y la cebra simplemente recoge al niño sin reñirle.
Cuando al fin acaba la ceremonia, con la pierna dolorida, y una leve cojera, toca situarse en la puerta de la iglesia al lado del cura (el cual una vez desvestido se largaba al convite a hartarse de comer) y comenzar en plan protocolario a estrechar manos. El comandante-padrino, nos estrecha la mano al cura y a mi, diciéndome en voz baja “bien, muy bien” y sacando un billete de cinco euros me lo da creo que mas que como propina, como indemnización por la patada del dichoso niño.
A continuación los gamberros de turno, muy bien vestidos y enchaquetados,  pero gritando como condenados comienzan en el vestíbulo de la iglesia a arrojar arroz a mansalva, dejando perdido el portal, algo que me toca barrer a mi, asi que poca gracia me hace. Lo bueno es que el comandante, con tanto arroz en el suelo se resbala y, dando dos o tres tropezones se cae sobre una gorda con un vestido rojo chillon, que pierde el equilibrio la cual termina sobre un coche bastante sucio que estaba aparcado (ahora me rio yo) y, aunque la ayudan a levantarse, le queda un pedazo de mancha de suciedad oscura , y un brazo como un tizon lleno de mierda que no se si ni el mejor de los detergentes se la podrá quitar. Viendo que la caída no había tenido grandes efectos, y junto con el resto de la ganadería, por fin se van a ponerse morados en el convite, canonigo y niño karateka incluido.
Lo mas positivo: En un rincón de la puerta, veo que se han dejado un paquete de un kg de arroz sin abrir, del que me apropio diligentemente.
Al llegar a casa, observo que por debajo de la rodilla me ha salido un moraton. En fin, al menos han caido cinco euros y un paquete de arroz, algo es algo…

lunes, 9 de agosto de 2010

Frikis religiosos (II)

La verdad es que ando algo desanimado para escribir en el blog, debido a los problemas económicos por los que estoy pasando. Se están produciendo en los últimos meses retrasos en el pago de la nomina, y la misma llega ya, encima de recortada, no a fin de mes, sino a primeros del siguiente. Para colmo, la hipoteca me la cargan el día 5, asi que es visto y no visto. Miedo me da que se atrase mas de esa fecha, seria algo así como declararme en suspensión de pagos. Y dicho lo cual paso a hablar del Chema, el peor de los frikis religiosos que con mi mala suerte he tenido que toparme para desgracia mía.


Y sucedió que, cuando apenas llevaba una semana de sacristán, estando en la iglesia una calurosa tarde dando vueltas contemplando las tumbas de algunos párrocos de este viejo templo que yacen aquí, escucho como se abre la puerta de la iglesia, y una sombra avanza rápida hacia la sacristía. Corro hacia la misma, y me encuentro un individuo que, sin miramiento alguno, se encuentra lavándose en la pileta. Después de preguntarle que hacia allí, el individuo se da la vuelta y me encuentro con un ser extraño y atipico. Su rostro, simiesco y grotesco, se asemeja al hombre primitivo de Nearthental, vestido con zapatos blancos de rejilla que contrastan con un pantalón negro y una especie de camisa-habito morado con un pin con una cruz plateada, y un cordón del que cuelga una cruz de madera de tamaño mediano.

Cuando abre la boca, su tono de voz atiplada y sus modales harían de el la reina de una cabalgata del orgullo gay.

-Soy de la casssa, soy consagrado, tengo las ordenes y menos misssa puedo administrar el resto de los sacramentos, me dice mientras me mira extrañado de arriba abajo.

A continuación, y después de esa peculiar presentación, y de indicarme que “viste así porque viene de preparar a una monja para su toma de hábitos”, comienza a interrogarme duramente, me pregunta de que hermandad soy, a que parroquia pertenezco, nombre, apellidos, estado civil, de que santo soy devoto….a lo que yo contesto con evasivas o monosílabos. A medida que comprueba que no puede sacarme mas información que el que soy el sustituto del sacristán accidentado, su rostro se va volviendo cada vez mas serio y mas tenso.

-Tu no eres religiosssso , me dice mientras con sus manos hace un gesto amanerado. Y entonces, sin dejarme decir nada, empieza a hacerme preguntas incoherentes, todas ellas seguidas sin dejar tiempo a la respuesta, tales como cuales son las virtudes teologales, que es una procesión letifica, que virgen de la semana santa tiene los ojos azules, quien es el capellán de las hermanitas de los pobres, de que trata el Deuteronomio, y una vez mostrada su superioridad en el tema, me indica que no soy digno de ser sacristán ni mucho menos ayudar a misa que para ello debía ser obligatorio el haber sido ordenado como mínimo diacono. Me dice que tengo que llevar un certificado de bautismo a palacio y que “ordenara que investiguen sobre mi en palacio donde tiene grandes amistades” (el palacio arzobispal). Al fin llega a la iglesia el Perez, el otro friki, lo cual hace que se pegue a el y comience a hablar de los “libros que había escrito”, sobre Cristologia y Mariología, y empieza a decir que “Carl Rrane” se equivoca al hablar de la gracia del espiritu, que tiene hechos unos escritos importantes que dará lugar a que el papa haga una nueva encíclica, y que esta pidiendo dinero para ir a Roma a entregar sus escritos , que además cuando Juan Pablo II estuvo en España el ayudo a repartir la comunión, y que el papa se dirigió a el y lo toco con las manos, pero que no era el papa el que lo toco, sino el espíritu santo, porque “el espíritu santo se mete en el papa” y por eso lo que escribe “viene del espíritu santo”,

Después de todas estas perlas, el individuo me pregunta que dia es hoy, a lo que le digo que es Viernes, y con una malisima cara me dice que como no se que es el dia de Santa Anatolia, que murió mártir a manos de los romanos. Me dice que en cuanto cierre la iglesia tengo que invitarlo a una cerveza y unas puntillitas para hablarme de “Santa Anatolia”, y que va a hacer que en dos años “me ordene sacerdote y abandone la vida atea”. Le respondo que no tengo dinero, y con toda la cara del mundo me indica que si tengo tarjeta del banco, pasemos antes por un cajero, y ya con mala cara le respondo que no tengo dinero ni intención alguna de tomarme nada con el. Ello hace que reaccione diciéndome que “me espera el fuego eterno por no querer acercarme a Dios” y a gritos me dice, antes de irse bastante enfadado, que “hablará directamente con el arzobispo para que me excomulguen si es que de verdad estoy bautizado, por rechazar el aprendizaje de la doctrina religiossa.”.

Despues de este episodio, el michelin me contó la historia de este peculiar personaje, hijo de madre soltera y fruto de una relación prohibida entre un aristócrata y su sirvienta. De manera clandestina, su padre secreto le proporciono un piso a la sirvienta hace ya muchos años, y el individuo, sin querer trabajar ni estudiar encontró una buena manera de vivir en el seno de la iglesia. Tras obtener un titulo de “bachiller en teología” hace muchos años le dieron la oportunidad ante el déficit de profesores, de dar clases de religión pero solo duro un curso ante las quejas de la asociación de padres de alumnos, pasando a ser suplente sin que volviera a dar mas clases. Lleva unos treinta años diciendo que se “va a ordenar sacerdote”, y su vida transcurre por las mañanas de los dias laborables en una librería religiosa donde siempre se encuentra a alguna monja o cura a quien le saca un desayuno gratis, y los festivos recorriendo diversas iglesias. Por las tardes, toca algún convento, donde se cuela para merendar gratis, y mas tarde, vuelve a recorrer iglesias para, con la excusa de hablar de teologia profunda, sacarle a la gente sobre todo una buena bandeja de pescaito frito con una jarra de cerveza, sin olvidar por supuesto los solomillos. No se le conocen ingresos económicos, pero dado que dispone de un buen piso, se cree que la familia del aristócrata le sigue dando algún dinero. De la misma forma, con arte y maestría, se cuela en las comidas de hermandad de algunas cofradías a las que llega “por casualidad”, a donde acude sin invitación esperando conseguir algun cubierto a cambio de alguna charla de profundo valor teológico.

De entre las perlas que me relato el michelín que ha hecho este individuo, se encuentra el parar un besamanos porque “la Virgen no tenia las manos en la posición de las dolorosas” llamando a gritos al hermano mayor.

A la siguiente semana, el individuo se presento de nuevo en la iglesia, y aunque con mucha prisa porque tenia que “dar una conferencia a unos muchachos sobre significado del niño Jesús vestido de pastorcillo” (en una taberna) me dijo que en palacio “ya investigan sobre mi cristianidad” y que “tengo los dias contados como sacristán”.

En fin, cosas de mi mala suerte…..

jueves, 22 de julio de 2010

Frikis religiosos (I)

Por fin pasaron los actos pios gloriosos y devotos de la Virgen del Carmen, donde mi querido Don José me ha facilitado un traje de acolito apropiado para la ocasión, en el que he tenido que portar una cruz parroquial en una solemne procesión por dentro de la iglesia, cruz que por cierto casi se me cae encima de una vieja al resbalárseme la dichosa y pesada cruz.
Lo cierto es que, poco a poco, voy conociendo gente peculiar de este mundillo eclesiastico, que dejan a los llamados frikis a la altura del betún. En este ambiente devoto, hay gente que se encuentran por así decirlo, “por arriba”, que son en casi todas las ocasiones profesionales liberales, médicos, o abogados de renombre que ocupan cargos de hermanos mayores de cofradías de penitencia, y que impecablemente vestidos y con sus señoras enjoyadas asisten a actos religiosos y se dan autobombo, y luego están “los de abajo”, gente algo extraña que usa la religión como forma de disfrutar de su tiempo de ocio, acudiendo a besamanos, besapies, triduos, quinarios, septenarios, novenas y solemnes funciones de iglesia.
Mis labores de sacristán se desarrollan de martes a domingo, por suerte el lunes toca libranza y, salvo excepciones como la dichosa Virgen del Carmen Doloroso, de Martes a Viernes permanezco en la Iglesia sin nada que hacer pues no hay misa y tras abrir, permanezco prácticamente solo. Salvo algún turista despistado, que desafiando las altas temperaturas, se atreve a pisarla, el resto de gente habitual son personajes o personajillos extraños que nunca pensé que existieran, en especial uno de ellos del que hablare mas delante de forma monográfica, y de los que aquí dejo una breve semblanza:
-El pobre. Es quizás, el mas normal de todos los asiduos al templo. Como toda iglesia, aquí hay un pobre que ocupa la puerta lateral , el único sitio donde se esta a la sombra. Joven, con barbas, un fuerte olor a orina delata su presencia. Viste un ancho pantalón de invierno, donde con una cuerda a modo de cinturón evita que se le caiga. Un cartón donde pide con faltas ortográficas una limosna, y a veces un tetra brick de vino tinto completan su estampa. Es útil pues suele espantar las visitas que entrarían por la puerta lateral. Según parece, hace años una sustancia nociva llamada heroína le perturbo sus facultades mentales, y lo ha dejado en tan lamentable estado.
-Las hermanas Gilda. Las llamo así porque tienen pinta de solteronas, vienen y se van siempre juntas. Son las únicas incondicionales de la iglesia, no fallan ningún día y seguro que si el lunes abriera estarían allí puntuales como siempre. La duda que tengo es si son octogenarias o nonagenarias, una de ellas gorda, con botas ortopédicas andando torpemente con un bastón, y la otra mas agil, pelo blanco con calva incipiente y el rostro lleno de colorete. Llegan temprano, con un sol de justicia, se sientan en el primer banco y rezan el rosario en silencio. Me tienen aprecio pues suelo abrirles la puerta cuando salen.
-El michelin. En una pequeña sala anexa a la sacristía se encuentra la sede de una hermandad de gloria. El michelin, al que he bautizado así dado que su físico se parece bastante al muñequito de esa marca de neumáticos, es el único ser vivo que aparece por allí en verano. Por supuesto, fue uno de los primeros a los que se ofreció la sustitución del sacristán titular, pero como eso significa permanecer de martes a domingos en la iglesia, rechazo de plano tal posibilidad. Suele venir dos o tres veces en semana, con la única misión de recoger la correspondencia, una correspondencia que no existe, y su presencia es delatada porque al andar por la sacristía retumba el suelo, tal debe ser su tonelaje. Además de pertenecer a esta hermandad, de la que dice es “diputado de cultos” pertenece a diversas hermandades, en alguna de las cuales tiene también algún cargo de consiliario, prioste o similar. Al menos, al haber una persona, no me encuentro tan solo y me hace compañía. Su único tema de conversación son los cotilleos religiosos, traslados, besamanos, coronaciones, y luego cuchichear sobre la vida privada de los distintos miembros de las mismas. Gracias a sus cotilleos puedo saber mas acerca de estos frikis. Se encuentra jubilado por invalidez, pues dice que padece del corazón, y por lo visto su vida laboral se ha limitado a trabajar cuatro años como dependiente de comercio. Al michelín viene a recogerle un individuo al que he bautizado como “el oreja” porque tiene una oreja amputada. Los únicos datos que tengo del oreja es que se metió a fraile y se salio. Cada vez que el michelín se marcha, lo hace diciéndome que esta en el bar tal, o la tasca cual, donde al parecer todas las tardes desafía las enfermedades del corazón que lo han pensionado tomando una buena cerveza con pescaito o solomillo.
-El Pérez. Todos los días, casi a la hora del cierre, este personaje llega a la iglesia, se sienta en el ultimo banco y en ocasiones se pone a rezar en voz alta. Mide solo metro y medio de estatura, y su vestimenta es de lo mas extraña, una camisa de mangas largas, a pesar del calor reinante, pantalones con tirantes subidos a tope, que sitúan la cintura del pantalón casi a la altura del pecho, con lo que las pantorrillas quedan al aire, y sandalias azules con calcetines azules. Roza los sesenta, o al menos eso aparenta, y no se le conoce oficio ni beneficio.
-El pescaero. También, a diario, este personaje se acerca a la iglesia cuando nos encontramos próximos al cierre. Alto, totalmente calvo, de unos setenta años, con pantalones claros y camisa raída, llamado así porque su único trabajo conocido fue el ser dependiente de una pescadería durante año y medio. El mismo dice que “cobra una pensión social” que supongo será una pensión no contributiva. El Pérez, el pescaero, y Antoñito el sacristán al que sustituyo, forman un trío que, una vez cerrada la iglesia, salen a dar una vuelta y degustar, en ocasiones contadas y con la escasez de sus recursos, alguna cerveza con altramuces en un bar de la zona mientras comentan la actualidad religiosa y cofradiera de la ciudad. Están por eso acostumbrados a venir a la iglesia de forma diaria a recoger a su amigo, del que me dicen que tras una semana en el hospital, ya esta en casa aunque sin poder salir.
-El “sietepatas”. Solo lo he visto una vez, es un hombre que tiene una pierna amputada. Viste camisa blanca, y en vez de utilizar una pierna ortopédica lleva colocado un palo largo de madera que utiliza con maestría. Habla, o por mejor decir, chilla, con una voz muy alta, que rompe el silencio de la iglesia. No falla en actos religiosos ni en procesiones. Perdió la pierna siendo un niño, atropellado por un tranvía. No se le conoce oficio ni beneficio.
-Paquito el peluquero. Homosexual declarado, salio del armario en su niñez sin tanta historia como hay ahora. Aunque gordo, al andar mueve sus caderas con apariencia femenina, mientras sus ademanes y su voz muestran que en su cuerpo las hormonas femeninas se encuentran en mayoria absoluta. Carece de cejas, las tiene depiladas y pintadas. Se encuentra en desempleo y se gana la vida como “peluquero” a domicilio. Al igual que el sietepatas solo lo he visto una vez, que vino a hablar con el michelin. Es experto, mejor dicho, experta, en adornar altares en ocasiones solemnes. Mientras lo hace, ameniza la velada al resto de los cofrades cantando canciones de celebres tonadilleras, sintiendo pasión sobre todo por las canciones de Juanita Reina.
-El Chema. Caso aparte, que como dije antes, dadas sus peculiares características de este autentico frikazo merece un monográfico que pronto publicare en este blog.
Curiosos especimenes los que me encuentro, cosas de mi mala suerte....


jueves, 15 de julio de 2010

Mi primera misa

La primera misa, en la vida de un sacerdote, es todo un acontecimiento. Por lo visto, se hacen hasta estampitas de recuerdo y acuden todos sus familiares. Y no una, sino dos serán las misas que recuerde  siempre Don Jose, que es quien me ha “contratado” como sacristán interino, y que durante el resto de su vida siempre recordará dos misas: La primera que celebró recién ordenado, y la primera que celebró con un gafe como monaguillo.
El día anterior , que fue el de la entrevista de trabajo, tras explicarme las tareas fundamentales que, como sacristán  tenia que realizar, me dijo que vendría un poco antes de la misa para darme instrucciones mas detalladas sobre como debía actuar, que era “pan comido” y que “solo tenia que seguirlo”.
Al dia siguiente, Sabado, era mi primer dia de trabajo, y a la hora de salida, con las calles totalmente vacías a las 6 de la tarde, (la misa era a las 19:30) el sol escupia fuego, con 42 grados a la sombra, salí de mi casa maldiciendo mi bajada de sueldo y mi mala suerte, e intentando caminar por la sombra cuando era posible, sudando como un pollo por culpa de un sol de justicia, y tras un largo recorrido, alcance una pequeña y escondida puerta lateral de la iglesia, que daba acceso a la sacristía, de la que tenía la llave .Mi primera intención era sumergir mi cabeza en la pila de agua bendita para refrescar el recalentamiento de mi cabeza, pero la misma estaba vacía. Una pileta, en un patinillo al lado de la sacristía me permitió refrescarme un poco, y después, siguiendo instrucciones del cura, encendí las luces de la iglesia, y posteriormente, me dirigí a una gran puerta lateral para abrir, en este caso, solo las dos puertas pequeñas que se encontraban incrustadas en el gran portón.
En cambio, del acceso principal a la iglesia, compuesto por dos enormes puertas de gran altura y que da acceso a un pequeño vestíbulo desde el que se puede acceder a la iglesia, hay, por ordenes del cura, que abrirlo entero. La apertura de la pesadísima puerta, es terrible. Hay dos cerrojos que, como puedo, consigo abrir, y después vienen los pestillos de anclaje. Tras ese trabajo, me dirijo a la sacristía y comienzo a llevar objetos al altar, el misal a un atril dorado, la patena y el cáliz al centro del altar, y corriendo, me voy al patinillo para, tirando de una cuerda, tocar la campana. Tres minutos tirando de la cuerda, una pausa, y un toque seco. (el primer toque). Llegan las dos primeras feligresas, ancianas de edad avanzada. En la sacristía, descubro en un lateral la canastita de la colecta, el recogehostias (la bandeja que se pone debajo del cuello de los que comulgan) una pequeña campana dorada, y otra mas grande compuesta por un mango con tres campanillas que se usan al consagrar. Por comodidad, cojo la campanilla pequeña. Poco a poco, entran mas feligreses, personas de edad avanzadas casi todos ellos, que desafiando el calor reinante, se atreven a ir a la iglesia. Conecto los ventiladores para que esten mas fresquitos, y me acerco al patinillo a tocar la campana. Es el segundo toque, y el cura no ha cumplido su promesa de venir antes. Descubro en un cajon el vino (tintorro vulgaris) que se va a convertir en sangre de Cristo, y comienzo a llenar de agua y vino los recipientes correspondientes, sin saber si la cantidad es escasa o no, los dejo bien llenos, mejor que sobre que no que falte. Faltan diez minutos para la misa, y comienzo a preocuparme, el cura no aparece y hay objetos eucarísticos que no se donde pueden ir colocados, o si se colocan. Coloco rapidamente el agua y el vino en el altar, y despues una bandejita con otro recipiente para lavarse, asi como un paño blanco sobre el caliz. Empiezo a impacientarme, faltan solo cinco minutos, el cura no ha venido y no se si me falta algo. Enciendo las velas del altar, y comienzo a preocuparme, el cura no viene.A las 1927 minutos según mi reloj, habia unos quince valientes en la iglesia, casi todos muy mayores que han desafiado al infierno de las altas temperaturas, y toco la campana por ultima vez, brevemente. Sin saber que pasa, totalmente solo, llega la hora de la santa misa. El cura no ha llegado, es mala suerte y no se que hacer, el movil del cura esta en mi agenda del trabajo, y no puedo ni llamarlo.
Por fin, a las 19:34 horas, un hombre entra en la sacristía como una exhalación, con la calva brillante y resplandeciente del sudor que chorrea por la misma.Es el cura, venia del tanatorio, porque se habia muerto un conocido suyo de repente y “habia tenido que coger un taxi, que no aparecía”.Se viste urgentemente, me dice que “solo tengo que seguirlo” y, como si fuera un perro faldero lo sigo al altar. Hago una profunda reverencia japonesa, me situo en un lateral donde no se me ve, detrás de un pulpito, sentado en un taburete dorado que esta en el lateral del retablo y comienza mi primera misa. Todo iba bien, sin problemas hasta llegar a las lecturas.El cura, se dirigio al atril, abrio el misal por la marca correspondiente y se pone a leer una carta de San Pablo. Dos frases despues, interrumpe la lectura y me dirige una mirada matadora.¡El misal! Me doy cuenta que no le he marcado, como me dijo en la breve entrevista, la lectura del día en que estamos. El cura pasa paginas, y me vuelve a mirar reprochándome así mi descuido. Llega la segunda lectura, y después el evangelio, previa lectura de los mismos me vuelve a mirar. Tras una homilía soporífera, en la que detecto algunos rostros de feligreses dormidos y otros abanicándose, por fin concluye, reza el credo y, antes de empezar las preces, me hace un gesto con la mano de que “coja algo”. Me acuerdo de la colecta, tomo la cestita y comienzo a pedir. Tras esos pequeños fallos, llega el momento mas esperado de la misa: la eucaristía, en la que Cristo se hace presente en la sagrada forma. En el momento de consagrar, me adelanto, tomo la pequeña campanilla e hinco mis rodillas en el duro suelo, a un lado del altar.
-Tomad y comed, esto es mi cuerpo……haced esto en conmemoración mia….y entonces, tomo la campanilla para agitarla y…..la campanilla se suelta del mango, describe una trayectoria parabolica, y mientras el cura tiene la hostia alzada, cae al otro lado del altar, con estrepito Clinggggg Cataclingggg Clingggg Clingggg mientras rueda por el suelo, y yo, sin atender al momento sagrado,salgo corriendo detrás de ella. Tras una larga y asombrosa trayectoria, bajando incluso los dos escalones que separan el altar del resto de la iglesia, por fin detiene su camino casi al final de la pared opuesta, y tras recogerla vuelvo a mi sitio sin arrodillarme al pasar por el altar, corriendo,  y con la misa interrumpida mientras veo en el rostro de Don Jose una cara de pocos amigos inquietante. De nuevo se reaunda la misa, y llega el momento de dar la comunión.Se acercan los fieles al altar y Don Jose, al lado del sagrario me llama de nuevo con gestos a su lado.
-¡El Sagrario! ¡La llave del sagrario, en el primer cajon a la derecha!. Corro a la sacristía, y en el primer cajon hay tres manojos de llaves enormes. Como no se cual puede ser, me llevo los tres manojos y aparezco delante de todos como si fuera un carcelero.Tras una breve inspeccion, Don Jose me coje con mala cara uno de los manojos, y por fin abre el sagrario y puede dar la comunión a los impacientes feligreses.
Por fin acaba la misa y yo, con mi manojo de llaves a cuestas voy detrás del cura, como cordero que va al matadero.El cura, en la sacristia, me echa una bronca, dice que antonito (el sacristán al que sustituyo) “tiene un retraso”, dice que "tonto tonto no es pero hay que dejarle muy claras las cosas", y yo soy “peor que antoñito”, me dice que “nunca me habia salido tan mal una misa” y, bajo pena de despido,  que tengo al menos que saber donde estan las cosas  que hay que llevar al altar,y ademas que la campanilla que cogi estaba rota por el mango, se despega, y la buena era la del mango que tenia tres, que se compró para sustituirla.
En fin, yo  no tengo la culpa que haya llegado tarde del tanatorio y no me haya explicado las cosas como debía ser, lo hice lo mejor que pude. A ver cuanto aguanto como sacristán, lo que hay que hacer por 100 malditos euros y una caja de sultanas.
Maldita hipoteca y maldita bajada de sueldo....