jueves, 15 de julio de 2010

Mi primera misa

La primera misa, en la vida de un sacerdote, es todo un acontecimiento. Por lo visto, se hacen hasta estampitas de recuerdo y acuden todos sus familiares. Y no una, sino dos serán las misas que recuerde  siempre Don Jose, que es quien me ha “contratado” como sacristán interino, y que durante el resto de su vida siempre recordará dos misas: La primera que celebró recién ordenado, y la primera que celebró con un gafe como monaguillo.
El día anterior , que fue el de la entrevista de trabajo, tras explicarme las tareas fundamentales que, como sacristán  tenia que realizar, me dijo que vendría un poco antes de la misa para darme instrucciones mas detalladas sobre como debía actuar, que era “pan comido” y que “solo tenia que seguirlo”.
Al dia siguiente, Sabado, era mi primer dia de trabajo, y a la hora de salida, con las calles totalmente vacías a las 6 de la tarde, (la misa era a las 19:30) el sol escupia fuego, con 42 grados a la sombra, salí de mi casa maldiciendo mi bajada de sueldo y mi mala suerte, e intentando caminar por la sombra cuando era posible, sudando como un pollo por culpa de un sol de justicia, y tras un largo recorrido, alcance una pequeña y escondida puerta lateral de la iglesia, que daba acceso a la sacristía, de la que tenía la llave .Mi primera intención era sumergir mi cabeza en la pila de agua bendita para refrescar el recalentamiento de mi cabeza, pero la misma estaba vacía. Una pileta, en un patinillo al lado de la sacristía me permitió refrescarme un poco, y después, siguiendo instrucciones del cura, encendí las luces de la iglesia, y posteriormente, me dirigí a una gran puerta lateral para abrir, en este caso, solo las dos puertas pequeñas que se encontraban incrustadas en el gran portón.
En cambio, del acceso principal a la iglesia, compuesto por dos enormes puertas de gran altura y que da acceso a un pequeño vestíbulo desde el que se puede acceder a la iglesia, hay, por ordenes del cura, que abrirlo entero. La apertura de la pesadísima puerta, es terrible. Hay dos cerrojos que, como puedo, consigo abrir, y después vienen los pestillos de anclaje. Tras ese trabajo, me dirijo a la sacristía y comienzo a llevar objetos al altar, el misal a un atril dorado, la patena y el cáliz al centro del altar, y corriendo, me voy al patinillo para, tirando de una cuerda, tocar la campana. Tres minutos tirando de la cuerda, una pausa, y un toque seco. (el primer toque). Llegan las dos primeras feligresas, ancianas de edad avanzada. En la sacristía, descubro en un lateral la canastita de la colecta, el recogehostias (la bandeja que se pone debajo del cuello de los que comulgan) una pequeña campana dorada, y otra mas grande compuesta por un mango con tres campanillas que se usan al consagrar. Por comodidad, cojo la campanilla pequeña. Poco a poco, entran mas feligreses, personas de edad avanzadas casi todos ellos, que desafiando el calor reinante, se atreven a ir a la iglesia. Conecto los ventiladores para que esten mas fresquitos, y me acerco al patinillo a tocar la campana. Es el segundo toque, y el cura no ha cumplido su promesa de venir antes. Descubro en un cajon el vino (tintorro vulgaris) que se va a convertir en sangre de Cristo, y comienzo a llenar de agua y vino los recipientes correspondientes, sin saber si la cantidad es escasa o no, los dejo bien llenos, mejor que sobre que no que falte. Faltan diez minutos para la misa, y comienzo a preocuparme, el cura no aparece y hay objetos eucarísticos que no se donde pueden ir colocados, o si se colocan. Coloco rapidamente el agua y el vino en el altar, y despues una bandejita con otro recipiente para lavarse, asi como un paño blanco sobre el caliz. Empiezo a impacientarme, faltan solo cinco minutos, el cura no ha venido y no se si me falta algo. Enciendo las velas del altar, y comienzo a preocuparme, el cura no viene.A las 1927 minutos según mi reloj, habia unos quince valientes en la iglesia, casi todos muy mayores que han desafiado al infierno de las altas temperaturas, y toco la campana por ultima vez, brevemente. Sin saber que pasa, totalmente solo, llega la hora de la santa misa. El cura no ha llegado, es mala suerte y no se que hacer, el movil del cura esta en mi agenda del trabajo, y no puedo ni llamarlo.
Por fin, a las 19:34 horas, un hombre entra en la sacristía como una exhalación, con la calva brillante y resplandeciente del sudor que chorrea por la misma.Es el cura, venia del tanatorio, porque se habia muerto un conocido suyo de repente y “habia tenido que coger un taxi, que no aparecía”.Se viste urgentemente, me dice que “solo tengo que seguirlo” y, como si fuera un perro faldero lo sigo al altar. Hago una profunda reverencia japonesa, me situo en un lateral donde no se me ve, detrás de un pulpito, sentado en un taburete dorado que esta en el lateral del retablo y comienza mi primera misa. Todo iba bien, sin problemas hasta llegar a las lecturas.El cura, se dirigio al atril, abrio el misal por la marca correspondiente y se pone a leer una carta de San Pablo. Dos frases despues, interrumpe la lectura y me dirige una mirada matadora.¡El misal! Me doy cuenta que no le he marcado, como me dijo en la breve entrevista, la lectura del día en que estamos. El cura pasa paginas, y me vuelve a mirar reprochándome así mi descuido. Llega la segunda lectura, y después el evangelio, previa lectura de los mismos me vuelve a mirar. Tras una homilía soporífera, en la que detecto algunos rostros de feligreses dormidos y otros abanicándose, por fin concluye, reza el credo y, antes de empezar las preces, me hace un gesto con la mano de que “coja algo”. Me acuerdo de la colecta, tomo la cestita y comienzo a pedir. Tras esos pequeños fallos, llega el momento mas esperado de la misa: la eucaristía, en la que Cristo se hace presente en la sagrada forma. En el momento de consagrar, me adelanto, tomo la pequeña campanilla e hinco mis rodillas en el duro suelo, a un lado del altar.
-Tomad y comed, esto es mi cuerpo……haced esto en conmemoración mia….y entonces, tomo la campanilla para agitarla y…..la campanilla se suelta del mango, describe una trayectoria parabolica, y mientras el cura tiene la hostia alzada, cae al otro lado del altar, con estrepito Clinggggg Cataclingggg Clingggg Clingggg mientras rueda por el suelo, y yo, sin atender al momento sagrado,salgo corriendo detrás de ella. Tras una larga y asombrosa trayectoria, bajando incluso los dos escalones que separan el altar del resto de la iglesia, por fin detiene su camino casi al final de la pared opuesta, y tras recogerla vuelvo a mi sitio sin arrodillarme al pasar por el altar, corriendo,  y con la misa interrumpida mientras veo en el rostro de Don Jose una cara de pocos amigos inquietante. De nuevo se reaunda la misa, y llega el momento de dar la comunión.Se acercan los fieles al altar y Don Jose, al lado del sagrario me llama de nuevo con gestos a su lado.
-¡El Sagrario! ¡La llave del sagrario, en el primer cajon a la derecha!. Corro a la sacristía, y en el primer cajon hay tres manojos de llaves enormes. Como no se cual puede ser, me llevo los tres manojos y aparezco delante de todos como si fuera un carcelero.Tras una breve inspeccion, Don Jose me coje con mala cara uno de los manojos, y por fin abre el sagrario y puede dar la comunión a los impacientes feligreses.
Por fin acaba la misa y yo, con mi manojo de llaves a cuestas voy detrás del cura, como cordero que va al matadero.El cura, en la sacristia, me echa una bronca, dice que antonito (el sacristán al que sustituyo) “tiene un retraso”, dice que "tonto tonto no es pero hay que dejarle muy claras las cosas", y yo soy “peor que antoñito”, me dice que “nunca me habia salido tan mal una misa” y, bajo pena de despido,  que tengo al menos que saber donde estan las cosas  que hay que llevar al altar,y ademas que la campanilla que cogi estaba rota por el mango, se despega, y la buena era la del mango que tenia tres, que se compró para sustituirla.
En fin, yo  no tengo la culpa que haya llegado tarde del tanatorio y no me haya explicado las cosas como debía ser, lo hice lo mejor que pude. A ver cuanto aguanto como sacristán, lo que hay que hacer por 100 malditos euros y una caja de sultanas.
Maldita hipoteca y maldita bajada de sueldo....

4 comentarios:

Princesaa dijo...

Hola, espero que la próxima misa se te de mejor.

Besitos

Pilar dijo...

Ay Señor Señor, no sé si era muy buena idea enfrentar tu gafe a las fuerzas celestiales.

Turuleta dijo...

Pero... y tú no te defendiste?? es que no puedo entender porqué no le dijiste que vale..eres creyente..pero que no eres sacristan de nacimiento!!
Compararte con Antoñito...fue pasarse de la raya..
¿De verdad no puedes conseguir 100€ en cualquier otro trabajo aunque sea repartiendo publicidad?'
Ánimo y al Toro...

Jo T. dijo...

que el tuyo... yo ardo en las iglesias! xD