miércoles, 14 de enero de 2009

Crónica de un martes y 13

Para nosotros los gafes, todos los días son martes y 13. Raro es que algún día no nos ocurra ninguna desgracia significativa que agregar a nuestro mal afortunado currículum vital. Sin embargo, quizás por aquello de la sugestión, o de la fecha, es normal recordar qué es lo que nos ocurrió aquel fatídico martes y 13.Por ejemplo, mi penúltimo martes y 13 vino precedido por un olor repugnante y desagradable que inundaba mi despacho del lugar donde tengo la mala suerte de trabajar, olor que comenzó a “cantar” un viernes, que el lunes ya hacía difícil la permanencia en el mismo y que el martes se tradujo, al investigar su procedencia, en que el cadáver de una hermosa y cebada rata cayera desde el hueco del conducto de aire acondicionado del techo hasta el lugar que se sitúa, “casualmente” mi asiento, justo debajo del mismo lo que hizo que el cadáver, en avanzado estado de descomposición, al darle con un palo, aterrizara en el sillón donde dejó un rastro biológico que hizo que, hasta que limpiaron el asiento, tuviera que permanecer sentado en un molesto taburete de madera durante un par de días. Y por supuesto, el olor a rata muerta persistió durante la semana, haciendo que al salir del trabajo me acompañara el correspondiente tufillo a cadáver corrupto.


Ante la posibilidad de que este nuevo martes y 13 se produjera algún incendio en el sucio y maloliente sótano donde tengo el despacho, o que se cayera el techo, apareciera una gotera, o sencillamente que me cayera por las escaleras y me rompiera la crisma, como me debían algunos días de eso que se llaman “asuntos propios”, para huir del peligro, decidí que este recién pasado martes 13, estaría de permiso para evitar que mi mala suerte me jugara una mala pasada. Además, tenia obligatoriamente que aprovechar la mañana para hacer una compra obligada; Una fuerte ola de frío que se abatió sobre la ciudad, hizo que quisiera utilizar un edredón nórdico para dormir, pero antes de ello decidí, al sacarlo del baúl, lavarlo. Juro por Dios que no sabia que los edredones de plumas no se podían meter en la lavadora, encima apenas lo había utilizado, y debido al frío reinante, tenia que comprar rápidamente uno nuevo para no quedarme congelado. Las “rebajas” de unos grandes almacenes, donde previamente había mirado tropezaron con unos precios prohibitivos, y la recomendación de alguien hizo que mis pasos se encaminaran hacia un sitio que se llama factory, outlet o algo parecido, situado en el extrarradio de la ciudad, cercano al aeropuerto pero al que se podía acceder en “bus gratis”.Y haciendo caso omiso a la fatídica fecha, decidí de forma valiente y arrojada que aprovecharía mi día de permiso para ir allí a por un edredón nórdico barato y lavable que me mantuviera calentito en la cama.
El día amaneció, (que raro) triste, frío y lluvioso. Salí de casa temprano, para coger el bus gratis que llevaba al lugar y, como un triste presagio, el viento frío y la lluvia agitaban mi paraguas y mojaban sobre todo la parte baja de mi cuerpo. Algún charco hizo el resto del trabajo, y así hasta llegar a la parada del bus, el agua y humedad se convirtieron en indeseables compañeros de compra. El viaje en bus, medio vacío, tampoco fue agradable. Los compañeros de travesía eran pocas personas, muchas de ellas con pinta de jubilados y amas de casa. Aquella señora con obesidad mórbida pudo escoger otro asiento, pero para mi desgracia se coloco a mi lado, y justo delante sus compañeras de tertulia. Así, mientras el autobús circulaba lentamente en medio de un gran atasco de trafico, pude oir , dado que mas que hablar gritaba, que quería comprar una falda estampada a su Vane, y le pedía consejo a sus compañeras situadas en el asiento de delante, mientras su cadera seboso-celulítica me arrinconaba contra la ventanilla cual boxeador proyectado hacia las cuerdas. También habló de su hermana Faustina, cuyo hijo habían echado los de la “mobilaria” y estaba en paro a pesar de ser un fontanero “mu apañao”, de un cuñado que estaba en Barcelona casado con una rumana que le sacaba los cuartos y cuando comenzaba a hablar de su devoción por la Virgen del Rocío, el bus por fin aparcó y me vi liberado de esa inmensa masa de carne con tortura sonora incorporada, que me provocó un doloroso dolor en la cadera que me acompaño en todo mi paseo por la galería comercial.
Al fin, en el lugar, y sin muchas ganas de comprar pero acuciado por la necesidad, me hice con un edredón que estaba de “oferta” no sin preguntar si se podía lavar, y contando el accidente domestico con el difunto edredón de plumas, que arrancó de la joven dependienta una sonrisa y seguramente un pensamiento parecido a “menudo amo de casa”. Sin detenerme mucho, dado la lejanía del lugar, de nuevo mis pasos me llevaron al exterior, en donde la lluvia caía de forma continuada, aunque no con gran fuerza. Pude ver el autobús gratis en la parada, así que apreté el paso, pero ahora caminaba más torpemente dado que portaba un paraguas en una mano, y una bolsa enorme y voluminosa con el edredón en la otra. Hay que decir que, este autobús, al ser “gratis” circula con poca frecuencia, y al estar en un lugar muy retirado donde obligatoriamente hay que tener coche para ir, si perdía el bus habría que esperar una hora al siguiente. Cuando faltaban unos veinte metros para llegar a la parada, todos los pasajeros ya estaban subidos, por lo cual y ante la salida inminente, no tuve mas remedio que ponerme a correr si no quería perderlo.
Sucedió en una fracción de segundo. Un chasquido seco, proveniente de mi zapato izquierdo al levantarlo del suelo y a continuación, al ponerlo de nuevo en el pavimento, con la parte trasera de la suela rota, y de ahí el chasquido, dí con mis huesos sobre el gélido y húmedo pavimento, soltando el paraguas y la bolsa. A los dos segundos, tuve una fuerte sensación de frío húmedo alrededor de mis rodillas. En esa zona, un pequeño charco había acabado con mis maltrechos pantalones, llenándome de agua todo el perímetro de las rodillas, que se llevaron la peor parte del golpe. Un alma angelical, hombre con un mono de trabajo, ignorante de que soy un gafe redomado, se acercó e intento levantarme, pero con tan mala suerte que al darme la mano, al estar resbaladizo y mojado el suelo, lo arrastre en mi caída y tuvimos que intentar los dos levantarnos del suelo. Sin duda mi cenizo le jugó la mala pasada a ese hombre generoso y desinteresado que, a pesar de estar lloviendo, quiso ayudarme, y el pobre corrió igual suerte. El paraguas sufrió una lesión en una varilla que hace que una parte del mismo no permanezca abierto, la bolsa del edredón estaba empapada, aunque el mismo, dentro de la funda, permanecía seco. Posteriormente, también pude ver que los pantalones tenían un agujero a la altura de una de las rodillas. Al levantarme, una mezcla de barro, agua y un olor repugnante a suelo sucio así como un fuerte dolor en la rodilla izquierda trajo a mi memoria la fecha fatídica: era, sin duda, martes y 13.Por supuesto, el bus gratis había partido sin mi, y yo, mojado, herido, caído, con un zapato roto por la parte posterior de la suela, me vi obligado a coger un taxi hasta mi casa, algo difícil dado que llovía y pasaban muy pocos. Por fin, al cabo de veinte minutos de tensa espera, mojado, sucio y bajo la lluvia pude pillar uno. Fueron 37,45 euros el importe de una larga y eterna carrera,(llevaba incluso un recargo por cogerlo "en el aeropuerto") con numerosas paradas debidas a atascos de tráfico, y todo esto tras acomodarme herido en el asiento trasero, con una peste horrible a agua sucia. Eso sin contar con que he roto unos pantalones y el paraguas ha quedado tocado, lo que significa mas gasto. Tras hacer cuentas pude comprobar que si lo hubiera comprado en los grandes almacenes, me habría salido mas barato dado que la carrera del taxi se llevo mas de lo que había ahorrado comprándolo allí.
Ya por la tarde, en frío, la rodilla comenzó a amoratarse e hincharse mientras que uno de los muslos comenzó a dolerme por la parte interior. El edredón, que había sacado de la bolsa mojada, gracias a su embalaje estaba seco. Algo, al menos había ido bien. Decidí acostarme y reposar, tras gastar los restos de un reflex que se me agota dada la frecuencia de los golpes que recibo, por lo que el estreno del edredón no podia ser peor, debido al frío reinante no me quedaba mas remedio que usarlo. Al colocarlo sobre la cama, pude ver que se encontraba totalmente descosido por un lateral, por lo que puedo decir, sin duda, que me han dado gato por liebre.Seguramente la dependienta, me largó uno defectuoso tras darse cuenta que no entiendo de edredones.Tocaría devolverlo, pero…miedo me da regresar, y encima me pílla muy lejos.
Cae la noche del martes 13, mi cuerpo reposa dolorido y comienzo a moquear. Creo que me he resfriado……
Cuando escribo esto lo hago desde la cama. La rodilla, amoratada se me ha inflamado y me cuesta andar, el muslo me duele bastante y creo , por el malestar de este mediodía y la falta de apetito que tengo la gripe. Y hoy , menos mal, es 14, así que he de alegrarme que no sea martes y 13...

10 comentarios:

Padme dijo...

xDDDDDDDDDDD, casi despierto a mis hijos de lo que me he reído. mira que no me gustan las desgracias ajenas, oye, pero es que esto es mucho.

por favor, el próximo martes y 13 déjame dicho por donde vas a estar, para irme lejos. ;-)

besos.

La chica de ayer dijo...

Por favor por favor por favor: LOS MARTES Y 13 NI TE LEVANTES DE LA CAMA!!!!!!!

Yaiza dijo...

Madre mia!!Siento mucho todo lo que te pasó, pero no he podido reprimír la risa sobre todo cuando el buen hombre fué a ayudarte. Jajajajaja....lo siento de verdad pero esque me ha dado un ataque de risa, a pesar de que siento lo de tu rodilla, y la verdad que me hacía mucha falta reírme así.
Un fuerte abrazo, y espero que no te enfades conmígo.
Gracias por este momento.
Y no te preocupes, si te consuela saber que yo algunas veces me pregunto si no habrá otro más tonto que yo...para repartír las cosas que me ocurren.

rosa_desastre dijo...

Ayyyy, lo tuyo es grave eh? Es agradablemente grave engancharse a las desgracias de un gafe...vendre mas veces, si señor.
Saluditossss.

PIER BIONNIVELLS dijo...

Jajaja.. Lo siento! pero no he podido parar de reir.. Dios! pOBRE! Que dia tan malo hijo! Que mala suerte..
El proximo martes 13. Quedate en tu casita acostado en el sofa, no te muevas para nada.. a ver si tienes suerte y sales ileso de ese dia.

Que tengas una buena semana.
Cuidate.
Te dejo abrazos.

Turuleta dijo...

Hola, es la primera vez que te escribo en correspodencia y agradecimiento de tu comentario y no me he podido estrenar mejor en tu blog que con este post tan gracioso ¡¡para los demás claro!! te seguiré a menudo no lo dudes!

en las nubes dijo...

madre mia!!!jajaja
el próximo martes y tres... no salgas de casa... o si...nunca se sabe con los gafes jajaja

Besos!!!

Herodes de la Bética dijo...

HA sido buenísimo. Me ha encantado, y ya sabes, sin moverte de la camita, ehhhh. Un fuerte abrazo. Magnífico tu blog...

Víctor González dijo...

Eres como perder un imperdible. Otro que se ha partido la caja leyendote, no por tus desgracias no, por la forma tan cómica que tienes de contarlas. Te felicito y me engancho a tus gafechorías.
Abrazos.

¿Mañana más? dijo...

¿Pero esto es verdad?. Mira que lo de gafe pensaba que era una coña, pero va a resultar cierto. Hombre, por lo menos el Internet te funciona. No serás tan gafe... Y el edredón llévalo a la modista que te lo cose por cuatro euros.

Lo de la rodilla, hielo, hijo, hielo. Te lo dice una que tiene aficción a dejarse las rodillas en el suelo, que tengo las dos marcadas de cicatrices. No te eches el reflex de los huevos que, aparte de apestar, te puede dar urticaria. Y siendo gafe...